Evangelio del Día

Evangelio según San Marcos 1,29-39.

Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.
La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato.
El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados,
y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.
Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros,
y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando".
El les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido".
Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.


Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.
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Comentario por: San Jerónimo (347-420), sacerdote, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia
«Jesús la tomó de la mano y la levantó»

«Jesús se acercó, la tomó de la mano y la levantó.» En efecto, con esta enfermedad no podía levantarse por sí misma; estando en cama, no podía ir delante de Jesús. Pero este médico misericordioso se acerca él mismo a la cama. El que había llevado sobre sus espaldas a la oveja enferma (Lc 15,5), en esta ocasión de acerca a la cama... Se acerca todavía más a fin de curar mejor. Fijaos bien en lo que aquí está escrito...»Sin duda que eres tú quien debías haber venido a mi encuentro, eres tú quien debías haber venido a darme acogida en la entrada de tu casa; pero entonces tu curación no sería tanto efecto de mi misericordia como de tu voluntad. Puesto que una fiebre tan fuerte te abate y te impide levantarte, vengo yo mismo.» «Y la levantó». Puesto que ella no podía levantarse por sí misma, es el Señor quien la levanta. «La tomó de la mano y la levantó.» Cuando Pedro, en el mar, se encontraba en peligro, en el momento en que iba a ahogarse, también fue él quien lo tomó por la mano y lo levantó... ¡Qué señal tan bella de amistad y de afecto por esta enferma! La levanta tomándola por la mano; su mano cura la mano de la enferma. Tomó esta mano tal como lo hubiera hecho un médico, le toma el pulso y valora la importancia de la fiebre, él, que es al mismo tiempo médico y remedio. Jesús la toca, y la fiebre desaparece. Deseemos que toque nuestra mano para que nuestros actos queden purificados. Que entre en nuestra casa: levantémonos de nuestro lecho, no nos quedemos acostados. Jesús permanece a la cabecera de nuestra cama ¿y nosotros seguiremos acostados? ¡Vamos, levantémonos!... «en medio de vosotros hay uno que no conocéis» (Jn 1,26); «el Reino de Dios está dentro de vosotros» (Lc 17,21. Tengamos fe y veremos a Jesús entre nosotros.

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